Dra. Tatiana
Reciné Lezaeta
Socia Honoraria
Logramos que la Sociedad Chilena de Odontopediatría fuera reconocida e imitada
La vitalidad de esta mujer de 92 años es envidiable. La encontramos en su casa estudiando, investigando, escribiendo ‘papers’ en su notebook, con una energía desbordante y apasionada por lo que ha sido su carrera de odontopediatra.

Nos muestra presentaciones PowerPoint, fotografías de sus trabajos, explicando paso por paso lo que estamos viendo a medida que pulsa el botón ‘enter’. Se le ilumina el rostro cuando habla de todo lo que ha aprendido, de cómo ha evolucionado el área de la odontopediatría, y sobre todo cuando menciona a sus pacientes.

Quiere entregar su experiencia a las nuevas generaciones, contarles que durante toda su vida profesional no buscaba la manera de reparar sino de mejorar el medio bucal y la estructura del diente, y esto lo logró comenzando a controlar al paciente lo más temprano posible, a los tres años de edad.

Eso significó entregar un programa de atención semestral de prevención donde todos ellos mantuvieron un índice COP*0 (cero), y que se siguieran atendiendo con ella durante 45 años más. Muchos de sus pacientes más antiguos llegaban hasta hace pocos años con sus hijos y nietos a su consulta.

“Estoy orgullosa tanto de mi generación como de las generaciones que han venido después de mí y que han logrado tantos éxitos, por eso mi entusiasmo a estas alturas de mi vida en que todavía estoy metida en la odontología. Dejé de trabajar el año 2020 a los 70 años, pero no he parado de hacer cosas. Estos dos años en que he estado enclaustrada me he dedicado a hacer un manual para que los dentistas puedan llegar a tener un éxito total que es lo que yo logré al cabo de 65 años de atención. Nunca dejé de atender a los mismos niños que tomé a los tres años, mis pacientes hoy tienen 67, 70 años. No se iban a un dentista de adulto porque no había nada que hacerles, ni tratamiento de conducto, ni prótesis, ni corona, ni puente, nada, su dentadura era sana”.

*El índice COP hace referencia al promedio de dientes que la población presenta al momento del examen para determinar caries avanzadas, obturaciones y pérdidas dentales por caries.

¿Cómo se logra ese índice COP 0? ¿Qué es lo más importante?

El compromiso con el paciente y su familia. Brindarles la mejor de las alternativas y tratamientos basados en el conocimiento. Eso es algo fundamental. La relación doctor-paciente es importantísima, conocerlos y saber lo que necesitan y lo que no. Hoy ya no solo estamos atendiendo a niños de tres años sino que gracias a estas nuevas generaciones de dentistas -que han logrado pulir hasta lo último las técnicas y los conocimientos- existe la odontología del bebé, la odontología del discapacitado, por ejemplo. Se tratan niños con problemas como la piel de cristal, que sufren mucho de las encías, hay que tratarlos con sumo cuidado. Todo lo que se le entrega al paciente en cuidados regresa en la satisfacción de tener ese índice COP 0, o sea una dentadura totalmente sana.

¿Cómo nace la Sociedad Chilena de Odontopediatría?

Nace porque un grupo de odontólogos docentes de la cátedra de odontopediatría se reunió para organizar una sociedad de especialidad. El objetivo era perfeccionarse en esa disciplina, y que no solo alcanzara a los socios que la integraban sino que se proyectara a la comunidad en beneficio de la salud oral de niños y adolescentes. Estaban muy preocupados porque en esos tiempos el índice COP era altísimo en todas las edades y estados socioeconómicos. Además, en general a los dentistas no les gustaba atender niños, no sabían, no tenían las técnicas, por lo que se tornó importante que hubiese una cátedra seria que se hiciera cargo de esta especialidad.

¿Por qué fue necesario organizarse como Sociedad?

El ser humano es independiente, hay espacios en donde es necesario serlo y en este caso, quienes querían una sociedad de la especialidad creyeron que necesitaban hacerlo fuera de la esfera de la universidad. Había mucha inquietud por tener contacto con grupos de otros países, conocer sus experiencias, transmitir las nuestras, conversar sobre nuevas técnicas, nuevos productos, en fin, el motivo siempre era mejorar las técnicas, los tratamientos, saber más.

¿Fue difícil abrir ese camino?

En general no. Se creó la Sociedad dentro de la Facultad de Odontología de la Universidad de Chile con el apoyo del decano, Dr. Carlos Tapia, y de todo el cuerpo docente, entre los que recuerdo a las Dras. Iris Walters, Matilde Thunin, María Márquez y la Dra. Ana Pefaur, todos excelentes profesores que supieron encantarme con la odontopediatría. Además en ese momento el país estaba pasando por un muy buen momento, estaba avanzando rápidamente, yo estaba en cuarto año de la carrera y en ese año se modernizó toda la universidad, toda la escuela. Antes se trabajaba con los sillones a rueca, en que moviendo el pie hacía que una bomba elevara el asiento, no se imaginan el momento cuando llegaron los equipos motorizados lo que fue acostumbrarse a ellos. También llegaron esterilizadores, no solo de agua hirviendo, llegaron autoclaves. Todo estaba creciendo, era lógico que los que estaban en la odontopediatría también quisieran crecer.

¿Cómo se interesa por la cirugía?

Mi interés por dedicarme a la cirugía provino de darme cuenta que quería aprender todo lo relacionado para atender a un niño sin dolor, y lo conseguí. Cuando me gradué de la universidad inmediatamente acepté el ofrecimiento del Dr. Italo Alessandrini quién me pidió quedarme en su cátedra como ayudante de cirugía, y además tomé un curso de Perfeccionamiento Clínico. Después ni siquiera hacía extracciones porque mis pacientes no las necesitaban, eso fue lo maravilloso. Lograr una salud dental a ese nivel. Esa fue mi principal motivación.

La Sociedad tomó la cirugía a su cargo porque la cátedra atendía las distintas etapas del ser humano y se requería un enfoque específico para la etapa infanto-juvenil, así fue como el Dr. Ulrich dispuso de una sala de cirugía solo para odontopediatría con el objeto de formar profesionales que hicieran buenas extracciones en niños, “pero los niños que llegaban, llegaban casi sin dientes, eran puras coronas perdidas. Esto hacía que salieran los dientes definitivos de manera anticipada, los niños no se lavaban los dientes, y perdían las piezas dentales lo que derivaba en adultos casi desdentados.

La mayoría de las mujeres que vi en aquellos años, chiquillas jóvenes, buenas mozas, estupendas, no tenían dientes. Estaba de moda hacer prótesis de esas rosadas que hoy ya no se conocen, realmente estábamos mal. Ante esta situación la Sociedad Chilena de Odontopediatría comenzó campañas de educación para la gente”.

La campaña del cepillo

“Me regalaron un metro cuadrado de cepillos que en la fábrica a veces salían con pequeños defectos. Hicimos unas campañas de educación enormes con la colaboración de algunas socias que hacían clases en diferentes colegios. Se les pedía a los niños que fueran con sus padres o con la persona que los cuidaba porque era importante que ellos estuvieran y se les pudiera entregar las indicaciones para su uso. Sabíamos que la educación era fundamental, el 80% del éxito de una boca sana es la educación, mucho más que las técnicas que podamos tener para mejorar la estructura del diente. Y eso es lo que yo quiero, que los profesionales miren al niño no con la mirada de reparar sino de anticiparse, más que prevención hacer pequeñas acciones nanométricas con elementos efectivos que eliminen del medio bucal los gérmenes que producen el ácido que destruye los dientes”.

Hoy en día estamos mucho mejor, pero siempre existe una cantidad dentro del índice COP que no está 0. “Lo ideal sería tener un 75% de niños con sus dientes sanos. Los dientes nacen en la boca del niño, inmaduros, sobre todo los molares de los 6 años ya que éstos, que son cuatro, nos van a ir indicando cómo se van a ir situando los demás dientes. Cada uno tiene su momento de aparecer en la boca. Por eso yo hice mi tesis de grado en Crecimiento y Desarrollo”, nos señala.

¿Qué la motivó a pertenecer a la Sociedad y posteriormente asumir su presidencia?

El amor a mi profesión, a las ganas de trabajar por que se desarrollara cada vez más y mejor. Tuve mucho apoyo de todos. Cuando me eligieron presidenta había sido antes secretaria y tesorera. No era una mujer que concitara antipatías ni celos y eso me ayudó enormemente a lograr los objetivos que me planteé. Nosotros funcionábamos en la sede de la Sociedad Odontológica, donde también estaban todas las otras especialidades organizadas, todas con mucho interés en reunirse aunque la nuestra fue la primera junto a la Sociedad de Prótesis y Rehabilitación Oral de Chile en querer hacerlo.

La ubicación en la que estábamos impedía una buena concurrencia a las reuniones, y necesitábamos un auditorio, por lo que hice las gestiones para cambiarnos al Colegio de Cirujano Dentistas de Chile que tenía mejor acceso y salones grandes donde poder sesionar. Ya con esto puse como norma que las reuniones serían los últimos miércoles de cada mes. Muchos laboratorios ofrecieron de inmediato su apoyo, nosotros nos quedamos con algunos. Las primeras reuniones fueron en un salón grande, luego en dos salones unidos, y después en el auditorio que era inmenso y se llenaba.

"La Sociedad fue reconocida e imitada"

En ese tiempo no había más escuelas dentales que la Universidad de Chile en Santiago, en Concepción y en Valparaíso.

Como presidenta de la Sociedad, la Dra. Reciné se reunió con los presidentes de cada una de esas escuelas y junto a los decanos de las tres escuelas dentales del país comenzó un trabajo de equipo en que se hicieron encuentros nacionales y Programas Preventivos de Salud Bucal en las tres ciudades. Esta labor mancomunada tuvo por consecuencia la unidad de visión en lo que fueron las Jornadas del Futuro Niño del año 2000.

“La primera fue en Santiago en donde estuve junto a los Dres. Fernando Escobar, presidente de la Sociedad Odontológica de Concepción, y Santiago Gómez, de Valparaíso. La segunda fue en Valparaíso en el Hospital Naval, en donde cada exponente presentaba un trabajo que compartía con todos los asistentes. Era la manera en que nos íbamos interiorizando y aprendiendo sobre diversas miradas y experiencias. Era maravilloso. Pero el encuentro más lindo fue el que tuvimos en Concepción en donde yo llevé un trabajo bien interesante con respaldo científico que demostraba que se podía conseguir mejorar la estructura del diente y el medio bucal. Que se podía cambiar las estadísticas de niños con índice COP alto a casi cero. En los estudios, cuando mirábamos cuál era la carie con la que partía el problema, era la muela de los 6 años, por lo que estaba claro que no podíamos dejar de controlar a los niños a esa edad”.

De esta manera, la Sociedad Chilena de Odontopediatría iba dejando su huella en los profesionales que la conformaban como también en aquellos que sin ser integrantes ejercían la profesión. Es así como se comenzó, a través de la Dra. Olaya Fernández que estaba en el Ministerio de Salud en esos años, a invitar a todos los dentistas que trabajaban en reparticiones públicas a asistir a las reuniones, a escuchar, y a ellos se les tomó después como socios de Número. Al año o a los dos años se les exigió un trabajo de experiencia propia, algo que pudieran contar y que fuera un aporte o información para los demás. “Esto llamó tanto la atención que tuvimos el interés de otros expositores que querían contarnos sus experiencias, no solamente de Chile sino también del extranjero. La Sociedad fue reconocida e imitada por otros países. Fue grandioso”. El rostro de Tatiana Reciné resplandece de orgullo.

Los logros obtenidos durante su presidencia los cuenta con entusiasmo. Representar a la Sociedad en la creación de la Federación de Sociedades Científicas de Especialidades Odontológicas de Chile (FESODECH) y de la Corporación Nacional Autónoma de Certificación de Especialidades Odontológicas (CONACEO), crear sus estatutos y reglamentos fue un hito importante. “No todos los dentistas tenían los atributos necesarios para atender niños, tampoco querían perfeccionarse, entonces estar certificados como especialistas en odontopediatría otorgaba a sus miembros un respaldo científico irrebatible. Y eso nos llenó de orgullo”. La importancia de querer estudiar para trabajar como un buen profesional es algo que hasta hoy, la Dra. Reciné considera imprescindible en su profesión “para hacer un Chile mejor”.

Usted ha sido y aún es asesora de la Sociedad Chilena de Odontopediatría, ¿cómo la ve hoy?

He entregado mis conocimientos de manera permanente porque lo creo necesario, y reconozco, a la vez que valoro, lo importante de que los actuales dirigentes hayan seguido la senda que nosotros pusimos. Que hayan convocado a todas las otras facultades de odontopediatría para reunirse cada dos años con el objeto de compartir experiencias y conocimiento, y así hermanar a todas las universidades en un enfoque común, me hace muy feliz. Quienes componen hoy la Sociedad están tan comprometidos como lo estuvimos nosotros, por hacer todo lo posible para que sus socios tengan todas las instancias posibles de desarrollo y que sean excelentes profesionales. Ellos han continuado con un entusiasmo incansable con cursos, congresos, reuniones de docentes, entre otras muchas actividades. Es muy importante que los dentistas dejen huella, hoy la salud dental está en un muy buen momento, hay mucha motivación por ser odontopediatra porque además los resultados son excelentes.

Y a sus colegas actuales, ¿qué les diría?

Les diría que no tienen que preocuparse de hacer tratamientos paliativos, ni tampoco de prevención, el conocimiento completo que tenga el dentista de ramos básicos, de cómo es la estructura y cómo se forma el diente, cómo se forman los cristales que están dentro del diente, le dará la suficiente información para que mediante elementos nanométricos que se ponen en los poros, el dentista pueda inducir la calcificación y una mineralización o una remineralización si hay una carie incipiente. Eso se puede hacer, y yo lo demostré. Siempre me preocupé que todo mi trabajo estuviera guiado por la pirámide de la evidencia científica.

¿Con qué recuerdos se queda de su trayectoria en la Sociedad?

Lo pasé muy bien, estuve rodeada de cariño, todo era mucho más de lo que yo pensaba. Me asombraba con cada cosa nueva que aparecía. Las distinciones que me han entregado; la del Colegio de Cirujano Dentistas de Chile el año 2019 fue especial ya que yo estaba retirada del ejercicio de la profesión. Ese reconocimiento fue maravilloso. Tengo los mejores recuerdos.

“Felices 70 años, felices los que se fueron y dejaron huella. Felices los que siguieron y la hicieron más grande…felicidades a ustedes, los que deben formar a los que vienen y ¡larga vida a todos!”
Dra. Tatiana Reciné Lezaeta
Past President
Socia Honoraria