Dra. Eliana
Atala Yazigi
Socia Fundadora

Papá, no me interesa casarme, yo quiero estudiar

Eliana Atala tenía 16 años cuando egresó del colegio y tenía claro lo que quería ser: médico. “le dije a mi papá que quería estudiar y fue una tremenda pelea que duró varios días. Yo quería ser médico, pero no me dejaron. Las hijas mujeres de los ‘paisanos’ eran para casarse y estar en la casa, nada más”. Finalmente le permitieron ingresar a la Escuela Dental porque el hermano de su mamá hacía clases ahí, y estaría encargado de vigilarla.

Hoy a sus 92 años, recuerda como los prejuicios y estereotipos de la época hacían difícil su elección de vida. Quería estudiar, de eso no tenía duda, y a pesar de los desencuentros y discusiones con su padre pudo hacerlo con la restricción de estar siempre vigilada por su tío quién era profesor en la universidad. “Esto significó que no me atreviera ni a hablar con alguien porque si le llegaba algún cuento a mi papá podía hacerme salir de la Escuela, así que muchos pensaban que yo era creída”, nos relata una de las fundadoras de la hoy Sociedad Chilena de Odontopediatría.

Finalmente siguió la carrera de odontología y le gustó. “Me gustó mucho trabajar con niños. Siempre quise tener más hijos y no pude, tuve dos no más pero siempre tuve muchos niños en mi casa”.

Atender a niños era algo que Eliana disfrutaba muchísimo ya que generalmente a los dentistas hombres no les gustaba, “no tenían paciencia, entonces siempre éramos mujeres las que lo hacíamos, por eso la Sociedad Chilena de Odontopediatría está compuesta en su mayoría por mujeres, hasta el día de hoy. Y siendo mujer nunca tuve un problema, todo lo contrario, gozaba del respeto y la valoración de tanto los doctores más antiguos como de mis compañeros. Tengo los mejores recuerdos de la amabilidad, la reciprocidad y el compañerismo que teníamos”.

No llevaba ni tres meses de recibida de dentista cuando la aceptaron en lo que en ese entonces se llamaba Operatoria Dental Infantil, hoy Odontopediatría, que era una especialización que aún no era reconocida formalmente.

“Yo tenía 21 años. Todos eran mayores que yo, y me recibieron con mucho afecto, me sentía en familia con todos ellos, seguramente porque era más chica. Me incluyeron en muchas cosas, como por ejemplo tomaban mi opinión a pesar de mi corta edad, y para mi sorpresa me hicieron parte del comité, siempre compuesto por tres profesores hombres, en la evaluación de la toma de exámenes a los alumnos que cursaban la carrera”.

A poco andar, Eliana entró a trabajar en la Fuerza Aérea de Chile, en Gran Avenida. Estaba muy feliz con esta oportunidad y sobre todo porque le encantaban los aviones. Así, su vida era correr todo el día entre su trabajo en la Fuerza Aérea atendiendo a los hijos de oficiales, suboficiales y tropa, y su consulta particular. Esta última la podía ejercer gracias a que su tío le facilitaba su oficina, dos horas en la mañana y dos horas en la tarde, cuando él hacía clases en la universidad. “Salía de mi casa a las 8 de la mañana y llegaba a las 10 de la noche. Agotada pero feliz”.

La doctora de las piernas bonitas

“Enseñarles a los niños que no éramos cucos era lo primero que teníamos que hacer en un tiempo en que la amenaza de los padres era ‘si te portas mal, te llevo al dentista’. Para todos los niños el dentista era un monstruo”, recuerda.

“Enseñarles a los niños que no éramos cucos era lo primero que teníamos que hacer en un tiempo en que la amenaza de los padres era ‘si te portas mal, te llevo al dentista’. Para todos los niños el dentista era un monstruo”, recuerda.

Esa medida fue de los primeros aportes importantes que tuvo la Sociedad en esa época. Ir cambiando la manera en que se veía al dentista y hacerlo cercano para todos, especialmente para los menores.

La metodología que Eliana Atala ocupaba era muy sencilla, en la primera sesión conversaba con el niño, le pedía permiso para mirar dentro de su boca a ver cómo estaban de lindos sus dientes, e incluso hacía que el niño se mirara sus dientes con el espejo con que los revisaba. Ya en la segunda sesión comenzaba poco a poco el tratamiento. Así se iba ganando la confianza del menor y podía finalizar el procedimiento.

Una de las anécdotas que recuerda la doctora es cuando en una oportunidad le tocó atender a un niño de 10 años que era muy difícil y a los padres les había costado mucho llevarlo al dentista. Con el método que ella tenía logró atenderlo y terminar su tratamiento. Cuando esto pasó, la madre sorprendida le preguntó a su hijo cómo es que no había puesto problemas. La respuesta del niño sacó risas, “es que la doctora tiene las piernas muy bonitas”. 

La Sociedad Chilena de Odontopediatría

En esa época y a medida que la especialidad iba tomando cuerpo, los Dres. Carlos Tapia y Humberto Osorio, junto a otros destacados profesionales, se reunían en la Escuela Dental de la Universidad de Chile para organizar los aspectos legales y estatutos para constituir la Sociedad Chilena de Odontopediatría. La Dra. Atala tuvo la oportunidad de no solo trabajar con ellos si no de ser parte de las primeras profesionales en formar la Sociedad, constituyéndose en una de sus fundadoras. “Fue una sorpresa para mí que el Dr. Tapia me hiciera firmar el acta de constitución. No fue difícil partir, hacía rato que estaban trabajando con el nombre de Operatoria Infantil. Los que pertenecían a la Sociedad eran los dos presidentes y las personas que se iban agregando, y que me ayudaron muchísimo, como las Dras. Iris Walters y Ana Pefaur Irarrázabal. Todo el mundo estaba contento de constituirla como una Sociedad aparte, porque fue una manera de reconocer oficialmente la odontopediatría en Chile”, y de esa forma se inicia como otro ramo más en la carrera de odontología. La labor que iba realizando la Sociedad cada vez se tornaba más relevante. En esos tiempos era primordial entregarles información y enseñarles a las madres a cuidar a los niños, a que se lavaran correctamente los dientes, que cuando comieran dulces se enjuagaran la boca, entre otras muchas cosas más. Una de ellas era no darle el famoso “vaso de leche antes de acostarse”, cosa que era muy común en esa época. Desconocían que el ácido que tiene la leche hacía estragos en la dentadura durante la noche provocándoles caries en varios de sus molares. “La salud bucal a temprana edad no era prioridad en esos tiempos y eso hacía que se perdieran piezas dentales cuando aún eran niños. E incluso esto llegó a la gente grande, porque nadie se preocupaba mucho de su dentadura. Poco a poco se fue aprendiendo”. “Una de las frases típicas del doctor Alfonso Leng, primer decano de la Facultad de Odontología de la Universidad de Chile entre 1945 y 1948, cuando entraba a hacer clases era ‘Niños, no se olviden del agua con sal’, era lo primero que decía. Para él los enjuagatorios de agua con sal eran prevención para los dientes, al igual que después de las extracciones”, recuerda Eliana. “Más adelante me casé, mi marido era mucho mayor que yo, tuve un embarazo muy complicado y eso hizo que seguir trabajando me fuera más difícil ya que tuve que cuidar a mi hijo por varios meses. Con mi segunda hija pasó lo mismo, y tuve que estar en reposo desde el quinto mes. Trabajar era mi pasión, y aunque en el tiempo tuve que dejarlo nunca me salí de la Sociedad Chilena de Odontopediatría, fui parte de su camino y siempre he sido una agradecida de que me consideraran para muchas cosas como congresos y cursos”. “Yo creo que la Sociedad Chilena de Odontopediatría es única en su tipo, es un referente mundial, ha ayudado mucho. Es una sociedad que realmente ha crecido en el tiempo y ha hecho muchas cosas, mucha difusión, se mantienen siempre en reuniones, se mantienen siempre haciendo congresos”. Y es que la Sociedad no solo ha sido un gran aporte en nuestro país, sino también para otros países, siendo un referente especialmente para los sudamericanos que hoy cuentan con sus propias organizaciones en la especialidad basándose en el ejemplo chileno. “Estoy muy orgullosa de pertenecer a la Sociedad Chilena de Odontopediatría y quiero agradecer todo lo que me ha dado a través de toda mi vida porque nunca me han dejado atrás, siempre me han seguido y yo siempre los he seguido a ellos, y eso para mí ha sido muy valioso. He tenido muchos problemas en mi vida, pero siempre tenía el respaldo de la Sociedad y eso me ayudaba mucho, ir a las reuniones sobre todo para mí era un escape de los grandes problemas”.

Mensaje para los actuales y futuros odontopediatras: paciencia y amor por su profesión

“Que tengan mucha paciencia para empezar”, nos dice Eliana Atala.

“Que los traten bien, y si alguno se porta mal, ver por qué está pasando eso. A veces yo también tuve niños con pataletas, y tenía que hablar con ellos, calmarlos, no hacerles nada en la primera consulta. Lo importante es que el odontopediatra quiera su profesión y eso tiene que ver con todo. Si un niño viene porque le duele una muela, hay que revisarle toda la boca porque puede que no sea el problema solo ese diente. Idealmente un dentista debiera saber y hacer de todo, porque así su visión será mucho más amplia y podrá ejercer de mejor manera su profesión y atender con mayor éxito a su paciente”.

La Dra. Atala lamenta ver que hoy falte esa visión de totalidad, y también la falta de educación imperante en la sociedad toda. “Enseñarles la parte humana, a ayudar a los demás, los padres tienen una gran responsabilidad en eso, en educar a sus hijos, en fomentar el respeto por el otro. Eso es fundamental para construir una sociedad sana y empática”.

Invito a los futuros odontopediatras a sumarse a la Sociedad Chilena de Odontopediatría. Es una gran Sociedad, instruyen mucho y están siempre con avances, invitando a reuniones científicas todos los meses y a conferencistas extranjeros.

"Felicitaciones por los 70 años, gracias a Dios que existen, y gracias a Dios que siguen existiendo porque son un referente para los demás y les enseñan mucho a los que vienen.
¡Feliz cumpleaños! Y sigan para adelante por muchos años más".